Actualmente -y por poco tiempo más- me encuentro en una casa a diez mil
kilómetros de la ciudad donde he residido los últimos siete años.
Durante estos cuatro meses fuera de “casa” he podido aprender
algunas cosas... Como suele pasar el viaje lo es también hacia el
interior. Lo que no sabía es que a la par que la estancia se prolonga el viaje interno se hace más profundo. Es ahora, a
finales del tercer mes fuera de casa, cuando me planteo que haré con
mi vida en el futuro, en esa reflexión me he sorprendido rastreando
qué he estado haciendo en el pasado.
Dejar de escribir
no fue algo meditado, simplemente, como tantas otras cosas pasó. O eso pensaba. Precisamente hoy, mientras realizaba algo así como un “time
line” de las cosas en las que he estado metido los últimos años, para mi sorpresa, dejar de escribir asíduamente y romper mi antigua relación
fueron a la par.
Llevo meses un poco perdido, siguiendo una inercia densamente significativa pero sin una proyección o sentido interno... por eso en parte me he puesto a escribir. La necesidad de visibilizar los aspectos positivos y negativos. Creo que no visibilizar las cosas positivas nos hace olvidarlas ("tarea realizada, tarea tachada"). En cambio, las no realizadas pesan, aunque poco a poco pierden el nombre... por eso, no verbalizar lo que nos atora nos convierte en dependientes de las sensaciones/sustancias/prácticas que nos ayudan a evadirnos, olvidarnos de la carga...
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