Volver, volver, volver... No sé si es posible volver. Como mucho, volvemos a sumirnos en unas tendencias que dejamos antes de irnos. Sin tu presencia, las cosas, las relaciones, han continuado en su tendencia que, pasados los meses, se te muestra radicalizada.
En el tiempo que estado fuera me he dado cuenta que para ser "independiente" en realidad hay que ser muy dependiente. Es decir, para poder moverte libremente, sin horarios, sin compromisos hay que tener estabilidad económica, multitud de redes sociales... no es que seas independiente, sino que las posibilidades lo son porque alimentas una red muy amplia de personas, compromisos, actualizaciones... que se reproducen y amplían en el día a día.
Por el contrario, las relaciones familiares entran en esas tendencias que sin que uno participe cambian. Temas como la herencia y la propiedad es probablemente los temas más desagradables que uno pueda echarse a la cara junto con la enfermedad. Más aún cuando las relaciones "familiares" pasan por dar cuenta de esto como piedra de Sísifo, que cuando crees que está solucionado todo se abre de nuevo.
Por otro lado, lo que considero "mi casa" a penas puedo reconocerla, han cambiado las personas que ahí viven, han cambiado las formas de organización y probablemente cambien más en el tiempo. Uno no sabe si coger las cosas que quedan y saltar a otro lado.
Las amistades, quizás las cosas que más me satisfacen estarán lejos durante algún tiempo. Las relaciones personales como siempre amenazan con cerrarse, no es malo en sí mismo, simplemente es importante que lo que vaya solidificando lo haga hacia la dirección que crees más conveniente. La que sea más sincera y no cierres en falsos.
Ser sincero, ser sincero con uno mismo implica tener claro o hacer el esfuerzo por clarificar lo que uno quiere. Quizás es la condición postmoderna, tener que pensar, decidir, tomar posición en cada uno de tus ámbitos vitales puede ser estresante.
Si la lección aprendida en el año anterior fue la de "gestiona tu impotencia" aprender que no se puede estar en todo a todo y hacerlo bien. Quizás este año sea "orienta tu energía" tengo la sensación que tener tantos frentes abiertos me impide concentrarme y dar lo mejor de mí. Y, lo peor, hacer y disfrutar las cosas que quiero.
La verdad que la vuelta está siendo agridulce, encontrar frentes abiertos donde no los esperabas, que se reabran cuestiones que pensabas abiertas, que permanezcan los temas antiguos, en fin. Quizás por todos estos cambios, en el tiempo (huso horario) en el espacio (california / madrid....) en las formas de vida, en las relaciones, en el clima... han hecho que pete un poco y me encuentre fatal. Sin duda el nuevo año será un año para bien y para mal lleno de novedades, ahí recuerdo la oración: dadme fuerzas para cambiar lo que esté en mi mano, para aceptar lo que no y, sobre todo, para distinguir una de otra...
domingo, 25 de diciembre de 2011
miércoles, 21 de diciembre de 2011
La casa en el acantilado
Hacía meses que no volvía a ver a la Señora A. Ya casi había olvidado su terrible encanto y su energía. Por eso solía prestarle mucha atención cuando hablaba, cualquier comentario, el más trivial, activa en su memoria multitud de repertorios y es capaz de pasar de una historia a otra durante horas. Sin duda ese fue uno de los alicientes durante los primeros meses en esta ciudad. Yo solía desayunar mientras ella fingía estar muy ocupada andando de una lado para otro mientras conversaba.
Es una persona muy interesante, ha interiorizado fuertemente los valores de la propiedad, el éxito económico y la cara más ilusa del liberalismo económico. Por otro lado, tiene un afán por "ayudar" a la gente, sin contrapartida necesaria. Simplemente por hacer que la gente "salga adelante". El tercer aspecto, es su sensibilidad, su energía, su forma de contar e impresionar cada palabra con su fuerza.
Durante este tiempo, en nuestras conversaciones, ha ido desgranando momentos de su vida, de la vida de sus antepasados, de las vidas de las personas que ha "ayudado", de personas que le contaron otras historias... Por eso no tengo una idea clara ni lineal de quién es, qué ha sido... Como contrapartida, tengo una caleidoscopio de experiencias sin principio ni final.
C: Es increíble, estamos en diciembre y ahora empezaron a caer las hojas. En españa empezaron a caer hace tiempo... California tiene otro ritmo...
A: Sí, es una bendición. Las hojas... uno no se da cuenta...
(silencio)
A: Una vez me puse a regar, una maravilla, regando todos los árboles, todas las plantas. al volver a salir ví todas las hojas por el suelo [Se lleva las manos a la cabeza]. Todo lleno de hojas, yo diciendo "ah dios mío, ahogué los árboles, no, no no puede ser". En ese momento oí un ruido y era un señor con la máquina que venía a quitar las hojas, ¡era otoño! no había pensado que era otoño, las estaciones...
[Risas]
C: Pero eso dónde aquí...
A: No, no, allá, en Colombia... [No lo dice, pero este recuerdo pertenece a su infancia]. Claro, sí, allí teníamos una casa como esta, mi padre, claro y usabamos el piso para secar el café (explicación sobre cómo secaban el café). Tengo fotos ahí dentro...
C: Ah, tenían café...
A: Sí, había de todo, café, siembra, teníamos tierra, era una bendición. Mi padre, él, ayudaba a todo el mundo, así cuando vinieron los años de la violencia allá por el cuarenta o el cincuenta como el no quería vender el resto de la gente se quedaba. Hasta que un día no quedó otra... en la plaza... imagina que es como de aquí a Pacific, llegaron unos señores preguntando por mi padre. Entonces uno de los que habían preguntado llegó corriendo a la casa antes que ellos porque sabía que venían a matarle. Al llegar no podía ni hablar, del cansancio, del miedo...porque él era parte de la casa y también lo matarían. Entonces mi padre, mandó esconder a todo el mundo, muchas mujeres, jóvenes, bonitas...imagínate.
"Después
de comenzar los años de "la violencia" en Colombia no quedó otra
situación. Al tener conocimientos de dinamita no le costó mucho poner
las cargas por toda la finca. Las mujeres y los niños se escondieron,
excepto su mujer que se quedó en la casa para... Llamaron a la puerta y
los hombres entraron, les puso de cenar, de beber... el jefe le dio una
nota a la mujer. La cogió y sin leerla la rasgo al entrar en la cocina y
la arrojó al fuego. Al ver esto el jefe dijo:-"En esta casa no hay
salida" Fue tal la emergencia que al levantarse rasgaron con las
espuelas el suelo. Todos se habían salvado"
Después, de esto, tuvo que vender, fue a la ciudad... pero ahí, de nuevo, lo estaban esperando. El muchacho del hotel le dijo que estaban por él, entonces le preguntó que cuál era su cuarto, dejó su maleta. Después le preguntó que dónde estaba el baño. Qué baño, por la misma ventana salió y saltó al piso, agarró un cohce y se salvó. Un milagro, tuvo un ángel, un ángel, un milagro detrás de otro... mucha suerte.
Después de eso, llegamos a una casa nueva. Había una persona que era del otro bando, pero aún así nos ayudaba, estaba obligado a ayudar a la gente porque sino le quitaban todo o lo mataban. Pero con nostros se portaba bien, no ayudó. Después, la vida da muchas vueltas y la hija escribió a mi madre, pero ya había muerto. Me puse en contacto con ella, necesitaba dinero. Entonces yo se lo dí, quería ir a hacer un doctorado a españa y pensé que más fácil venir a EEUU y desde aquí pedir para España. Me esquivoqué, no se lo dieron. Después de volver a colombia tramitó de nuevo para EEUU y aquí se casó y ahora es profesora. Fíjate.
De modo que tu te marchas para españa y tienes los recuerdos de aquí y yo tengo aquí los recuerdos de españa, cómo es el mundo...
C: Sí, pequeño. Nunca se sabe, a lo mejor nos vemos pronto, o algún día, nunca se sabe. Le agradezco todo este tiempo, van a ir bien las cosas, le irán bien.
A: Claro que sí, te irá bien, mucha suerte con tus estudios...
(Nos abrazamos y de repente me pone las manos en los hombres, los brazos y la cabeza) "Estás cubierto".
Extraño para sí
Las mudanzas convierten a uno en un extraño para sí. Los objetos desperdigados por todos lados como fragmentos de un presente roto o un pasado maduro. Buscando nuevas articulaciones y aceptando una compilación sólo regida por el tamaño y el peso. Sus atributos simbólicos desaparecen por un tiempo, mezclados unos con otros. En realidad los objetos te representan o encarnan parte de lo que eres. Así, cuando ellos están en formas y sitios extraños o, simplemente, "fuera de lugar" eres tú el que lo está.
jueves, 15 de diciembre de 2011
... Otra vez
Actualmente -y por poco tiempo más- me encuentro en una casa a diez mil
kilómetros de la ciudad donde he residido los últimos siete años.
Durante estos cuatro meses fuera de “casa” he podido aprender
algunas cosas... Como suele pasar el viaje lo es también hacia el
interior. Lo que no sabía es que a la par que la estancia se prolonga el viaje interno se hace más profundo. Es ahora, a
finales del tercer mes fuera de casa, cuando me planteo que haré con
mi vida en el futuro, en esa reflexión me he sorprendido rastreando
qué he estado haciendo en el pasado.
Dejar de escribir
no fue algo meditado, simplemente, como tantas otras cosas pasó. O eso pensaba. Precisamente hoy, mientras realizaba algo así como un “time
line” de las cosas en las que he estado metido los últimos años, para mi sorpresa, dejar de escribir asíduamente y romper mi antigua relación
fueron a la par.
Llevo meses un poco perdido, siguiendo una inercia densamente significativa pero sin una proyección o sentido interno... por eso en parte me he puesto a escribir. La necesidad de visibilizar los aspectos positivos y negativos. Creo que no visibilizar las cosas positivas nos hace olvidarlas ("tarea realizada, tarea tachada"). En cambio, las no realizadas pesan, aunque poco a poco pierden el nombre... por eso, no verbalizar lo que nos atora nos convierte en dependientes de las sensaciones/sustancias/prácticas que nos ayudan a evadirnos, olvidarnos de la carga...
"Dicen
que los miedos si no se afrontan pueden convertirse en monstruos y su
tamaño se mide en años. Por eso las personas si no los enfrentan
intentan olvidaros. Aunque esto se logre sólo anteponiendo nuevos
fantasmas que, o bien por la novedad, o bien por su tamaño, parecen lo
suficiente inofensivos como para dejarlos crecer. Al final es como si la
casa estuviera en llamas y nosotros nos encerráramos en el baño con los
grifos abiertos viendo desbordarse la bañera. Dijo "basta" y salió por
la puerta".
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